La creatividad del cine hollywoodiense
vive una extraña realidad. La receta triunfadora es, sencillamente,
pertenecer a una saga. Los títulos con más recaudación en taquilla de la
última década pertenecen a esa categoría cuya vida se prevé duradera.
Son las llamadas franquicias, megaproyectos promovidos por los grandes
estudios de cine para explotar un producto a lo largo de varias
películas. Esta tendencia, ayudada por la coyuntura económica y
cultural, ha puesto contra las cuerdas al cine independiente americano,
que tanto prestigio ganó en los años ’90.
Manuel Díaz, autor del blog Adivina quién viene al cine,
afirma que “actualmente vivimos una potenciación de los elementos
industriales del cine. Todo está dirigido a que la película tenga un
mayor impacto en taquilla en las dos primeras semanas de su estreno. Eso
lleva al conservadurismo en los proyectos desarrollados.” Es una
mentalidad sin futuro, las productoras dependen de los bancos y deben
recuperar el dinero rápidamente mediante recaudación en taquilla,
mercado doméstico o todo producto que se pueda vender bajo el nombre de
la producción, lo que entendemos como merchandising.
Los largometrajes tienen muy poca vida
en la atención del cliente y eso exige descomunales inversiones
publicitarias o vías de mayor recaudación como el 3D. Este recurso tiene
una doble virtud para los estudios de cine: no se puede piratear
fácilmente y la entrada, a mayor precio, recauda más.
Las franquicias no se guían por baremos
cualitativos. Su triunfo se debe a personajes o historias conocidas,
adaptadas de cómics o libros, presentes en el imaginario colectivo.
Sobrando su presentación, el producto tiene mucho terreno ganado. No en
vano, seis de las películas más esperadas por los usuarios de redes
sociales pertenecen a franquicias, según datos de la web BoxOffice.com.
Estos datos hacen reflexionar. ¿Qué tipo de cine consumimos?. “Tenemos
las películas que nos venden,. Hay muchas que por no tener ese apoyo
promocional no llegan al público, y nos dejamos comprar.”
Orígenes y remakes
Las sagas no surgieron hace poco. Ya los westerns
constituían una franquicia. Aunque no tenían un mismo argumento, su
esencia, entre diferentes películas, no cambiaba. Ese género es uno de
los más fructíferos a la hora de endulzar otra tendencia arraigada en
las productoras de Hollywood: el remake. En 2012 se habrán
estrenado veinte nuevas versiones de otros largometrajes. Según Manuel
Díaz, la finalidad de estas revisiones es “el acceso a ese público que
no va a ver la primera versión. Hay gente que será atraída por la
nostalgia o por probar si es mejor que la anterior”. Es otra estrategia
de mercado. “Se puede reflotar el film original, editar el DVD…”
La producción de remakes y reboots
(reinicios diferentes de una historia) -este año se han estrenado tres
cintas centradas en Blancanieves, dos de ellas destinadas a un mismo
público- nos hace ver que el cine puede resultar cíclico. Algo que
matiza el bloguero: “Es una espiral. Gracias a la tecnología tenemos
capacidad de recuperar el cine clásico y revisitarlo. Se produce una
mirada postmoderna y patrones adaptados a una visión actual.” Así, en la
última edición de los Oscars, vencieron películas como The Artist o La invención de Hugo, claros homenajes al cine.
Las argumentaciones de Manuel Díaz casan con las de Manuel Piñón, Jefe de sección de Cinemanía: “Si se hizo Lo que el viento se llevó,
que podría haber sido una trilogía, también fue por motivos económicos.
Las grandes películas de Hollywood estaban basadas en obras de Broadway
o en novelas populares.” Las declaraciones de Piñón nos hacen
reflexionar sobre el origen de las franquicias: ¿en qué ha evolucionado
Hollywood? “Se van incorporando nuevos lenguajes, maneras de comunicar
como lo hace la gente a diario.
Otra raíz del avance del cine es lo digital, consiguiendo hacer real
lo imposible. Es un recurso tan importante que muchísimas escenas no
podrían realizarse sin esa tecnología. Sin embargo, el avance digital
produce el envejecimiento, cada vez más rápido, de las películas debido a
la veloz evolución de esos medios.
Nichos temporales
Tanta competencia hace que otros
mercados busquen su momento. Se estrenan películas con igual fin entre
ellas, como pueden ser las nominadas a los Oscars en el período de
diciembre a febrero -la llamada temporada de premios-. La memoria es frágil y cada semana hay un nuevo evento. “El tema de los Oscars
tiene más que ver con la habilidad de los publicistas que con la
calidad de las películas.” El premio es decisivo. Puede reflotar una
película y así tener nuevos ingresos.
El cine de animación no funciona si se
estrena fuera de verano o Navidad, para que los niños puedan ver
cómodamente las películas. Ese género potencia otros factores como el
ritmo, el colorido, la música, un humor más básico… Pablo Collado,
creador de iWrite Magazine, cuenta que el público infantil “es seguro si
se hace un buen marketing. Con la originalidad se intenta captar a los
adultos. Es el género donde más se puede arriesgar ahora mismo.” Si la
película gusta, los niños querrán verla más de una vez y se recaudará
más dinero.
Pasado y presente
Otra tendencia es la de los biopics -películas
biográficas-. Para Collado “son otro ejemplo de pereza mental y
marketing ventajista. Un personaje conocido vende, e interpretado por un
famoso, aún más. La mayoría de los biopics terminan siendo
tediosos y simples. La fama del personaje suele ser inversamente
proporcional a la calidad de la película.” Y es que, según el
periodista, la creatividad ausente en Hollywood ha encontrado hueco en
otro formato: “las series televisivas van cogiendo cada vez más
protagonismo y, por su extensión, tienen más fácil desarrollar a los
personajes y la realidad que los rodea.”
Debemos reconocer que el cine es un arte
joven, que ha tenido que hacer el avance que durante siglos ha tenido
la literatura o el teatro, y aun así al cine le queda mucho por delante
para mostrar determinados terrenos y lecturas. Eso no quiere decir que
sea un arte más pobre. Simplemente necesita seguir fluyendo.
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