miércoles, 19 de diciembre de 2012

Premios, franquicias y cintas de vídeo

La creatividad del cine hollywoodiense vive una extraña realidad. La receta triunfadora es, sencillamente, pertenecer a una saga. Los títulos con más recaudación en taquilla de la última década pertenecen a esa categoría cuya vida se prevé duradera. Son las llamadas franquicias,  megaproyectos promovidos por los grandes estudios de cine para explotar un producto a lo largo de varias películas. Esta tendencia, ayudada por la coyuntura económica y cultural, ha puesto contra las cuerdas al cine independiente americano, que tanto prestigio ganó en los años ’90.



Manuel Díaz, autor del blog Adivina quién viene al cine, afirma que “actualmente vivimos una potenciación de los elementos industriales del cine. Todo está dirigido a que la película tenga un mayor impacto en taquilla en las dos primeras semanas de su estreno. Eso lleva al conservadurismo en los proyectos desarrollados.” Es una mentalidad sin futuro, las productoras dependen de los bancos y deben recuperar el dinero rápidamente mediante recaudación en taquilla, mercado doméstico o todo producto que se pueda vender bajo el nombre de la producción, lo que entendemos como merchandising.




Los largometrajes tienen muy poca vida en la atención del cliente y eso exige descomunales inversiones publicitarias o vías de mayor recaudación como el 3D. Este recurso tiene una doble virtud para los estudios de cine: no se puede piratear fácilmente y la entrada, a mayor precio, recauda más.


Las franquicias no se guían por baremos cualitativos. Su triunfo se debe a personajes o historias conocidas, adaptadas de cómics o libros, presentes en el imaginario colectivo. Sobrando su presentación, el producto tiene mucho terreno ganado. No en vano, seis de las películas más esperadas por los usuarios de redes sociales pertenecen a franquicias, según datos de la web BoxOffice.com. Estos datos hacen reflexionar. ¿Qué tipo de cine consumimos?. “Tenemos las películas que nos venden,. Hay muchas que por no tener ese apoyo promocional no llegan al público, y nos dejamos comprar.” 


Orígenes y remakes


Las sagas no surgieron hace poco. Ya los westerns constituían una franquicia. Aunque no tenían un mismo argumento, su esencia, entre diferentes películas, no cambiaba. Ese género es uno de los más fructíferos a la hora de endulzar otra tendencia arraigada en las productoras de Hollywood: el remake. En 2012 se habrán estrenado veinte nuevas versiones de otros largometrajes. Según Manuel Díaz, la finalidad de estas revisiones es “el acceso a ese público que no va a ver la primera versión. Hay gente que será atraída por la nostalgia o por probar si es mejor que la anterior”. Es otra estrategia de mercado. “Se puede reflotar el film original, editar el DVD…”





La producción de remakes y reboots (reinicios diferentes de una historia) -este año se han estrenado tres cintas centradas en Blancanieves, dos de ellas destinadas a un mismo público- nos hace ver que el cine puede resultar cíclico. Algo que matiza el bloguero: “Es una espiral. Gracias a la tecnología tenemos capacidad de recuperar el cine clásico y revisitarlo. Se produce una mirada postmoderna y patrones adaptados a una visión actual.” Así, en la última edición de los Oscars, vencieron películas como The Artist o La invención de Hugo, claros homenajes al cine.


Las argumentaciones de Manuel Díaz casan con las de Manuel Piñón, Jefe de sección de Cinemanía: “Si se hizo Lo que el viento se llevó, que podría haber sido una trilogía, también fue por motivos económicos. Las grandes películas de Hollywood estaban basadas en obras de Broadway o en novelas populares.” Las declaraciones de Piñón nos hacen reflexionar sobre el origen de las franquicias: ¿en qué ha evolucionado Hollywood? “Se van incorporando nuevos lenguajes, maneras de comunicar como lo hace la gente a diario.


Otra raíz del avance del cine es lo digital, consiguiendo hacer real lo imposible. Es un recurso tan importante que muchísimas escenas no podrían realizarse sin esa tecnología. Sin embargo, el avance digital produce el envejecimiento, cada vez más rápido, de las películas debido a la veloz evolución de esos medios. 


Nichos temporales


 
 

Tanta competencia hace que otros mercados busquen su momento. Se estrenan películas con igual fin entre ellas, como pueden ser las nominadas a los Oscars en el período de diciembre a febrero -la llamada temporada de premios-. La memoria es frágil y cada semana hay un nuevo evento. “El tema de los Oscars tiene más que ver con la habilidad de los publicistas que con la calidad de las películas.” El premio es decisivo. Puede reflotar una película y así tener nuevos ingresos.


El cine de animación no funciona si se estrena fuera de verano o Navidad, para que los niños puedan ver cómodamente las películas. Ese género potencia otros factores como el ritmo, el colorido, la música,  un humor más básico… Pablo Collado, creador de iWrite Magazine, cuenta que el público infantil “es seguro si se hace un buen marketing. Con la originalidad se intenta captar a los adultos. Es el género donde más se puede arriesgar ahora mismo.” Si la película gusta, los niños querrán verla más de una vez y se recaudará más dinero. 




Pasado y presente 


Otra tendencia es la de los biopics -películas biográficas-. Para Collado “son otro ejemplo de pereza mental y marketing ventajista. Un personaje conocido vende, e interpretado por un famoso, aún más. La mayoría de los biopics terminan siendo tediosos y simples. La fama del personaje suele ser inversamente proporcional a la calidad de la película.” Y es que, según el periodista, la creatividad ausente en Hollywood ha encontrado hueco en otro formato: “las series televisivas van cogiendo cada vez más protagonismo y, por su extensión, tienen más fácil desarrollar a los personajes y la realidad que los rodea.”




Debemos reconocer que el cine es un arte joven, que ha tenido que hacer el avance que durante siglos ha tenido la literatura o el teatro, y aun así al cine le queda mucho por delante para mostrar determinados terrenos y lecturas. Eso no quiere decir que sea un arte más pobre. Simplemente necesita seguir fluyendo.

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