En 1995 se lanzó a los cines Pocahontas.
Disney seguía su línea de fábulas clásicas y quisieron dar una vuelta
de tuerca a las típicas historias de princesas encantadas y príncipes
azules. Por eso eligieron el proyecto: algo exótico, ambientaciones
frescas, originales… y aún con esto no se responde a la pregunta de ¿Por
qué hacía falta ese proyecto? La respuesta es…Pixar. La compañía venía
pisando fuerte después de décadas de investigación y desarrollo de las
tecnologías de animación y, junto con Disney, estrenaron ese mismo año
la gran Toy Story. Sobra decir que la película cambió la
realidad del cine animado poniendo en mente de todos la idea de que se
podía hacer cine de animación para todos los públicos, literalmente. Fue
la primera película animada digital, y el jefe de todo aquello, John
Lasseter, incluso recibió un Oscar especial por el logro obtenido.
Tras Toy Story, otros proyectos continuaron la carrera cinematográfica de Pixar, como Bichos, una aventura en miniatura
(Lasseter, Stanton) o la segunda parte de las aventuras protagonizadas
por el vaquero Woody. El siguiente gran salto de la productora fue Monstruos S. A. (Pete Docter, Lee Unkrich, David Silverman), que consiguió desarrollar a niveles insospechados el trabajo realizado en Toy Story.
El resultado fue una obra de arte, por su desarrollo tecnológico y
también por su guión. Ya los espectadores comenzábamos a observar la
revolución animada que suponía Pixar: historias infantiles, con gran
trasfondo, dirigidas a grandes y mayores, como debería ser.
Y así se fueron sucediendo grandes producciones que seguían la estela de estos grandes títulos. Cintas como Buscando a Nemo
(Stanton, Unkrich) -que empleaba patrones argumentísticos al más puro
estilo Disney combinándolos con la tecnología y el salto generacional de
Pixar- o Los Increíbles (Brad Bird), que penetra en la
imaginación del espectador dentro de un ya muy imaginativo largometraje,
certificaron que el trabajo de Pixar había llegado para quedarse. Y
sobre todo para mejorar aún más.
En 2006 la compañía de John Lasseter se
puso manos a la obra en un proyecto de menor calidad de guión pero
igualmente original y creativo. Siguiendo las pautas de Toy Story
y la idea de unos juguetes inanimados que protagonizaban aventuras,
esta vez la nueva cinta giraría en torno a máquinas y sus correrías por
la Ruta 66. Estamos hablando, claro está, de Cars (Lasseter,
John Lanft). Su calidad no fue tan importante como las expectativas
comerciales que quiso generar la coalición Disney/Pixar y el resultado
fue una decente película de entretenimiento pero que no quedaba a la
altura de muchas de los pasados proyectos. El doblaje en español, con
las voces, entre otras, de Fernando Alonso y Antonio Lobato, no ayudaba.
Fue entonces cuando Pixar volvió a
apostar por la dupla de originalidad y desarrollo tecnológico, ese
patrón que llamaba a grandes y pequeños a quedarse absortos frente a la
pantalla, estrenando Ratatouille (Bird, Jan Pinkava), la
historia de un pinche de cocina y la amistad que surge con un extraño
individuo, un ratón que le enseña trucos con los que convertirse en uno
de los mejores chefs de Francia. La película fue éxito de crítica y
público, por su historia, por sus dibujos y por sus personajes
genialmente caracterizados.
Sólo un año después, Pixar volvía a estrenar. Esta vez un largometraje que poseía una carga bastante más madura. Wall-E
(Andrew Stanton), la historia de un robot basurero en tiempos en que la
Tierra ha sido devastada y abandonada por el Hombre. La máquina acaba
enamorándose de EVA, una robot sonda enviada al planeta a buscar
indicios de vida para ver si puede ser nuevamente habitado por la
humanidad. WALL·E le sigue hasta al espacio exterior para salvar la
naturaleza y a la humanidad. De hecho, mucha gente la ve más como una
película no-infantil que como una simple película de dibujos.
En 2009 Pixar volvió a recobrar el equilibrio entre los públicos con una joya del cine de los últimos años: Up!
(Pete Docter, Bob Peterson), sobre un anciano que durante toda su vida
había soñado con convertirse en explorador y un joven scout que le
cambiaría la forma de ver la vida. Muchos habrán comentado esto antes
que yo, y es que los diez primeros minutos de la película constituyen
uno de los mejores fragmentos del cine de los últimos años, sin duda. La
empresa adoptó entonces los mismos esquemas argumentativos para su
siguiente película: Toy Story 3 (Unkrich). Después de quince
años, Woody, Buzz y todo el ejército de juguetes volvían a las andadas
en una historia que nos mostraba el paso hacia la madurez del dueño de
todos ellos, Andy. Los esquemas funcionaron y seguirlos fue lo que le
volvió a dar a Pixar un nuevo éxito. Si el principio de Up! calaba, el final de esta fábula sobre la pérdida de la infancia rompió moldes.
Tras la quizá última parte -nunca se sabe- de Toy Story llegó Cars 2,
pero no cumplió las expectativas. Da la impresión de que intentaron
sacar demasiada leña de una materia prima que no abundaba en ese
largometraje. Las principales bazas de la película fueron de nuevo el
doblaje de ciertos famosos, las ambientaciones dinámicas y poco más, por
lo que en la siguiente y última producción de la empresa hasta la
fecha, Pixar volvería a adoptar por quincuagésima vez -y no por ello
menos original- la fórmula que le ha dado todos sus éxitos:
Gran desarrollo tecnológico + Ambientación llamativa + Enfoque creativo + Caracterizaciones reconocibles + Mensaje madurado = BRAVE.
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