Las situaciones de
crisis ponen en peligro la imagen y el equilibrio de una organización
de cara a sus interlocutores internos y externos. La actuación de
una entidad ante las situaciones difíciles se verá condicionada por
cómo socialmente se perciban los acontecimientos o cómo la
organización actúe ante ellos. Además, es imprescindible tener a
bien un margen de previsión sobre las variaciones del entorno y el
grado de mantenimiento al que son sometidas dichas modificaciones.
Una estrategia comunicativa ágil, una respuesta rápida, es la clave
para enfrentarse a este tipo de sucesos, pues los instrumentos
habituales no son fácilmente aplicables en estos casos.
Podemos distinguir las
crisis según su naturaleza o su duración. Según su origen puede
tratarse de un conflicto surgido en las Relaciones Sociales, en el
Entorno humano o en las Relaciones de Comunicación. También debemos
distinguir entre un riesgo técnico -fácilmente identificable- o de
opinión -mucho más complejo y difícil de tratar-. La crisis puede
darse por motivos exógenos o endógenos, los cuales pueden
contaminar a los primeros. La crisis puede obedecer a una evolución
típica, esto es, tener una fase preliminar, una aguda, una crónica
y una post-traumática.
La dirección de la
entidad debe confeccionar estrategias que puedan resolver los
diferentes problemas que se lleguen a dar. Esto comprenderá
irremediablemente tanto la actuación de la empresa como su
comunicación. Es preciso diagnosticar eficazmente el problema y
apoyarse sobre estrategias de comunicación sólidas. Por ello es
importante que mantengan una buena relación con los medios en todo
momento.
Con el fin de evitar
este tipo de períodos problemáticos para una empresa, ésta debe
actuar con una Auditoría de riesgos, también llamada de
vulnerabilidad-, que identifica los diferentes peligros que se
puedan dar, elabora un fichero de crisis y prepara
informaciones necesarias para llenar vacíos informativos en
situaciones de urgencia.
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